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José Rubén Garrido


Burocracia, cooperativismo y otros conceptos antagónicos.

Constitución de cooperativas con dos socios/as

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó en septiembre de 2016 iniciar los trámites del Anteproyecto de ley que modifique la Ley de Sociedades Cooperativas Andaluzas, vigente desde el año 2012. El objetivo del ejecutivo andaluz es flexibilizar el procedimiento para la constitución de cooperativas, exigiendo únicamente que dos personas (en vez de tres) puedan constituir este instrumento de la economía social. Además, también se introducen novedades en materia de infracciones y otros elementos de carácter técnico.

El argumento utilizado en la exposición de motivos del texto es: “la comprobación de las consecuencias beneficiosas para la generación de empleo que la introducción de esa medida ha supuesto en otras comunidades autónomas ha determinado que la Comunidad Autónoma de Andalucía decida su inclusión legal”.

Para la redacción de la entrada de este blog, no se han encontrado datos -tampoco en la Memoria Justificativa del Anteproyecto- que vinculen de forma objetiva que la reducción del número de socios necesarios para crear una cooperativa suponga mayores posibilidades para la creación de empleo.

Determinadas entidades representativas del sector, como la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado (FAECTA), también se han postulado favorablemente a esta modificación, por posibilitar “la difusión de los valores cooperativos y que el colectivo emprendedor opte por esta tipología empresarial para dar forma jurídica a su proyecto o idea de negocio”.

En resumen, Administración y entidades consideran que si existen menos requisitos y es más sencillo constituir una cooperativa, se crearán más entidades de este tipo y con ello más empleo.

Llegados a este punto, es necesario reflexionar sobre si la flexibilización, como argumento que sustenta las últimas reformas legislativas del sector de la economía social y el cooperativismo, es el pilar sobre el que se tienen que erigir las entidades de la economía social y solidaria del presente y, especialmente, del futuro. Una vez abierto el debate, es necesario apuntar algunas preguntas:

  • ¿Alguna de las mayores dificultades que encuentran las cooperativas para su supervivencia está relacionada con el número de socios que las componen?

  • ¿Una excesiva flexibilización del concepto de cooperativa puede conllevar su absoluta desnaturalización?

  • ¿Existen instrumentos útiles en la actualidad para compatibilizar la labor de socio-trabajador en una cooperativa con situaciones relativas a la conciliación familiar o el ejercicio de otras actividades?

  • Y especialmente ¿el objetivo es que se constituyan más entidades con la fórmula jurídica de la cooperativa o que se construya más cooperativismo?

Según la doctrina, la principal característica del sector de la economía social –o empresa social- europea es el énfasis en elementos vinculados con cuestiones organizativas. Si alteramos significativamente los rasgos que han definido la tradición social de nuestras entidades. ¿Podremos seguir hablando de economía social?.

(1)Young, D., y Salamon, L. (2002). Commercialization, social ventures, and for-profit competition. En L. Salamon (Ed.), The State of Nonprofit America. Washington, D.C., EE.UU: Bookings Institution Press.


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José Rubén Garrido


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